Meditatio de nosotros

por adriano el 2018-08-13

El otro día conversando con amigos comenté algo que he estado pensando: muchos vivimos buscando modos de relajarnos y calmarnos fuera de casa.

Estudiamos o tratamos de acercarnos a técnicas como el yoga, el zen, el taoísmo, la mindfulness... Y no está mal, no está mal para nada, pero olvidamos que más cerca nuestro también hemos desarrollado formas de frenarnos ante el furor de la vida. La siesta, por ejemplo. Ya desde los antiguos romanos tenemos la costumbre de hacer una pausa a mitad del día para que la cabeza descanse. Sentarse en la vereda a ver pasar la vida. Ir a pescar. Subir un cerro, ya sea a pie o con cuerdas, clavos y mosquetones.

Muchas de estas prácticas desaparecieron al hacerse las ciudades cada vez más grandes y al absorber el ciclo de trabajo cada vez más de nuestro tiempo. Y varias vuelven a aparecer porque la gente se da cuenta que hay que trabajar para vivir, pero no al revés.

No puedo decir si los pueblos originarios tenían o tienen costumbres parecidas, pero por lo que sé, su actitud ante la vida es mucho más saludable que la occidental.

Foto por Kalegin Michail en Unsplash

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